SATE: así ayudan los Colegios de Arquitectos a los ciudadanos e instaladores 

Todo sobre el SATE en la rehabilitación

La mitad de las viviendas en España se construyó antes de 1980 y no cumplen con los mínimos que marca la normativa sobre eficiencia energética, señalan desde los Colegios de Arquitectos. La rehabilitación energética con SATE mejora la habitabilidad y la salud de los inquilinos, a la vez que reduce la factura energética las emisiones de CO2.  

Estas intervenciones deben cumplir numerosos formalismos normativos y burocráticos para contar con los permisos necesarios, así como para acceder a todas las subvenciones posibles. Y, por supuesto, deben dejarse solo en manos de expertos. Y eso, ¿cómo se hace y cómo se le explica al presidente de una comunidad de vecinos de forma comprensible? 

Para ayudar a los ciudadanos, los Colegios de Arquitectos han puesto en marcha la Red de Oficinas de Apoyo a la Rehabilitación (Red OAR), un punto de referencia sobre rehabilitación y ayudas donde pueden recibir información, resolver dudas o encontrar profesionales.  

Además, el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE) y la Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales (CEAV) han editado la Guía, vecinal para la rehabilitación (de descarga gratuita), una herramienta esencial para que el ciudadano entienda qué es eso de la rehabilitación, y que ayuda a las empresas rehabilitadoras a explicar de forma fácil, directa y paso a paso todo el proceso.  

¡Descarga aquí la Guía!

Guía Vecinal de Rehabilitación del CSCAE

La publicación ha logrado ya más de 6.000 descargas y se está convirtiendo en un documento de referencia para el movimiento ciudadano, empresas del sector y Administraciones públicas. De esto y mucho más hemos charlado con Natalia Bielsa, doctora arquitecta y responsable el Área Técnica del CSCAE. 

“Los vecinos notan en sus casas un consumo energético excesivo y falta de confort térmico” 

Natalia Bielsa

Rehabilitación energética: ¿por qué hay que hacerla?  

En 1977 se estableció la Norma Básica de la Edificación (NBE) con la que se comenzaron a regular las condiciones térmicas en los edificios. Antes de que la conciencia medioambiental impulsara la mejora de la eficiencia energética de los edificios, los vecinos de esos bloques de viviendas levantados en los años 50, 60 y los primeros 70, ya sabían que algo había que arreglar en sus casas. “Notaban un consumo energético excesivo, comprobable en las facturas de luz y gas. Y lo que es peor, con falta de confort térmico”, señala Bielsa.  

La solución más eficiente, sin duda, es un Sistema de Aislamiento Térmico por el Exterior (SATE). Es una intervención segura y relativamente menos engorrosa para los vecinos ya que se trabaja sobre la envolvente, no en el interior, pero no puede hacerse a la ligera. No todas las envolventes son iguales, ni todas se encuentran en el mismo estado, ni se puede actuar de la misma forma.  

“Pudiera parecer que se trata de unas obras sencillas, pero son complejas, técnica y urbanísticamente. En función de cómo afectan al conjunto del edificio, fachadas, cubiertas y otros elementos expuestos, puede requerirse un proyecto y la intervención de varios técnicos, incluidos los propios en materia de seguridad y salud”. 

“Pudiera parecer que se trata de unas obras sencillas, pero son complejas, técnica y urbanísticamente. Hacen falta varios técnicos.  

¿A quién acudir para que me explique bien lo del SATE? 

El primer paso – explica Bielsa – es confiar en solo en profesionales solventes para realizar un diagnóstico pormenorizado antes de meterse en obras. Además, hay que consultar formas de financiación, ver plazos de ejecución…  Y, algo fundamental: conocer todas las ayudas a la rehabilitación disponibles.  

Superados por la carga de trabajo en el momento actual, los sistemistas no siempre son capaces de transmitir al ciudadano toda la información y en un lenguaje fácil de entender: qué se va a hacer, qué profesionales van a intervenir, qué materiales van a poner en su fachada, por qué hay tantas capas… 

“Los arquitectos y arquitectas hemos estado formándonos intensamente, de manera especial, en la gestión de las ayudas, la rehabilitación integral y el libro del edificio existente. Como profesión, no sólo damos respuesta a los requerimientos técnicos, administrativos, normativos y jurídicos que requieren los proyectos que hacen posible la ejecución de estos fondos. Nuestra labor también es acompañar a los propietarios y coordinar a todos los agentes que intervienen en el proceso”, señala Bielsa. 

¿Qué materiales se suelen usar? 

Las propias características de la fachada, la situación geográfica del inmueble o el presupuesto de los vecinos, entre otros, condiciona la elección de los materiales de aislamiento. “Suelen utilizarse el EPS (poliestireno expandido), el XPS (poliestireno extruido), MW (lana mineral), PU (Poliuretano) y la PF (espuma fenólica)”, enumera Bielsa.  

A esta lista se une NEOPS®, una alternativa de origen renovable y reciclable desarrollada por Knauf Industries a partir de biomasa vegetal no agrícola, como restos de poda urbana. Los paneles de SATE de NEOPS® presentan las mismas propiedades aislantes y de durabilidad que el EPS, pero con una menor huella de carbono.  

Las planchas de EPS, a su vez, pueden ser blancas o grafitadas, moldeadas o de corte. Cada una de estas soluciones tiene costes y propiedades diferentes. Todos los paneles para SATE de Knauf Industries están estabilizados y son autoextinguibles.  

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Cada material requiere adhesivos y fijaciones específicas, permitiendo, en función de los elementos preexistentes, optar por unos u otras. “Además, cada uno de ellos ofrece unas características térmicas diferentes y suelen ser más indicados para los acabados finales unos que otros”. 

Edificio ‘como nuevo’ en pocos meses 

Cuando las obras se limitan a la instalación de SATE, la intervención es relativamente rápida y con pocas molestias para los vecinos, ya que todas las tareas se acometen desde el exterior. “La duración de las obras dependerá del número de fachadas. Para hacer rentable la ejecución con andamios, solemos actuar una a una. Así también minimizamos el riesgo para los usuarios y operarios”, explica.  

En edificios de una única fachada, las obras pueden durar de 1 a 2 meses. “Si hay que actuar en más fachadas y patios de luces, podemos llegar a los 4 meses, incluso a los 6 meses, si se trata de un edificio exento, en el que las actuaciones sean completas, incluidas cubiertas y soportales expuestos”. 

Duración de las obras:  

Una fachada: 1-2 meses 

Varias fachadas y patios de luces: 4 meses 

Edificio exento: 6 meses 

Aprovechar las obras para mejorar el edificio 

Una de las frases que más se repite es el famoso ‘ya que estamos en obras, vamos a aprovechar para…’. Y razón no falta. Muchas comunidades de vecinos aprovechan el incordio de los andamios y que ya se han mentalizado del inevitable trasiego de operarios para acometer obras de mejora en las bajantes, accesos, reparación de cornisas… “Un proyecto de rehabilitación es una oportunidad de mejorar el edificio, no sólo energéticamente, también su accesibilidad, su funcionalidad y su estética”, destaca Bielsa.  

En estos proyectos de ‘rejuvenecimiento’ no todo vale. “Estas actuaciones deben ser respetuosas con el entorno construido y la identidad de los edificios, huyendo de soluciones monótonas y repetitivas que atentan contra nuestros paisajes urbanos”, advierte la arquitecta. 

Una de las dudas más frecuentes de los vecinos es al colocar los paneles exteriores se pueden estropear los aparatos de aire acondicionado instalados en la fachada. O si hay que quitarlos. “Lo habitual es desplazarlos temporalmente para volverlos a fijar después de colocar el SATE. Lo más importante en esta tecnología es evitar los puentes térmicos para asegurar continuidad y la mayor estanqueidad térmica posible, no solo con las maquinarias y cables de fachada, sino con los encuentros y ventanas”.  

Mantenimiento sencillo, pero periódico  

Las fachadas están sometidas a importantes oscilaciones de temperatura, amén de las inclemencias meteorológicas y otros daños causados por aves, contaminación… Para que el aislamiento funcione correctamente a lo largo de los años no solo hay que instalarlo bien. “Debe establecerse un plan de mantenimiento junto al resto de elementos constructivos del edificio. Es importante incorporar inspecciones para revisar juntas de dilatación, sellado y encuentros, así como la integridad de los acabados y sus diversas capas. Estas revisiones deben hacerse, al menos, cada 5 años”.  

Aunque puedan parecer un gasto superfluo, Bielsa las interpreta como una inversión a futuro en la salud del edificio. “Pueden prever patologías, de modo que el SATE tenga una vida tan larga como el propio edificio”. 

Todo sobre el presupuesto y papeleos 

Licencias, préstamos bancarios, ayudas europeas… La burocracia y la letra pequeña puede convertirse en un tormento para los vecinos y un dolor de cabeza para las empresas gestoras. Bielsa advierte que el presupuesto debe incluir todas las partidas necesarias: la del SATE, los medios auxiliares, las partidas de seguridad y salud, actuaciones previas, así como otras medidas complementarias. 

Para acceder a las ayudas previstas en los Fondos Next Generation hay que aportar proyecto, nombramientos de la dirección facultativa y coordinador de seguridad, licencia de obras y apertura del centro de trabajo. “Será necesario conocer el consumo y la demanda energéticos del edificio, de manera precisa, con los certificados de eficiencia energética de cada edificio o vivienda antes y después de la actuación”. 

Queda un último fleco: que la empresa instaladora demuestre que cumple los requerimientos medioambientales que marca la normativa.  

Obligaciones de los operadores: Sostenibilidad y gestión de recursos 

El RD 853/21, de ayudas en materia de rehabilitación residencial, se alinea con los objetivos europeos de reducción de los Residuos de Construcción y Demolición (RCD). En sus artículos 11, 32 y 52 condiciona las ayudas a que las obras tengan el menor impacto ambiental posible. En concreto, los operadores deben acreditar un plan de gestión sostenible de los residuos de obra mediante la reutilización, reciclaje y recuperación. “Todo ello se acompañará por la documentación administrativa exigida por la agencia de la energía autonómica que gestione las ayudas”, explica Bielsa. 

Asimismo, se tiende a que los proyectos y técnicas de construcción favorezcan la circularidad y promuevan la retirada del amianto en los edificios, aprovechando estas intervenciones.  

Estos condicionantes añaden un extra de dificultad a estas intervenciones. Para ayudar en este caso a las empresas ejecutoras de las rehabilitaciones, el CSCAE y el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE) han lanzado esta Guía específica sobre la Gestión de Residuos de Construcción y Demolición en el Ámbito de la Rehabilitación Energética de Viviendas.  

Tanto los paneles de EPS como los de NEOPS SATE que fabricamos en Knauf Industries son monomateriales y de fácil reciclado.  

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