La historia de LU comienza en 1846 con la llegada a Nantes, en Francia, de Jean-Romain Lefèvre, que ya era pastelero de Varennes-en-Argonn.
En principio es la historia de tantos artesanos: Jean-Romain fue contratado para trabajar en una pastelería y a los pocos años, ya un poco más asentado económicamente, se casó con Pauline-Isabelle Utile.
Aquí es donde realmente comienza la historia de la empresa: la pareja decidió comprar la pastelería para convertirla en un “Fabricante de galletas y bombones de Reims”.
El negocio seguía siendo modesto y las galletas se vendían directamente del horno, en una mesa en el patio de la pastelería. El éxito llegó muy rápido, y la pareja abrió una segunda tienda en1854, bajo el nombre comercial de Lefèvre-Utile (que forman las siglas LU).
El origen humilde de una marca global
La historia de LU comienza en 1846 en la ciudad francesa de Nantes. Todo empezó con Jean-Romain Lefèvre, un pastelero que llegó a la ciudad y fue contratado en una pastelería local.
Tras asentarse económicamente, se casó con Pauline-Isabelle Utile. De la unión de las iniciales de sus apellidos, Lefèvre y Utile, nacería años más tarde el nombre de la emblemática marca.
La pareja decidió comprar la pastelería donde trabajaba Jean-Romain para convertirla en una fábrica de galletas y bombones.
En sus inicios, el negocio era modesto: las galletas se vendían directamente del horno en una mesa situada en el patio de la pastelería. Sin embargo, la calidad del producto era tal que en 1854 abrieron una segunda tienda y poco después recibieron la medalla de oro en la Exposición Industrial de Nantes.
La revolución del packaging: cajas de latón y litografía
El verdadero salto cualitativo de la marca ocurrió a finales del siglo XIX bajo la dirección de Louis, el hijo menor de los fundadores. Louis tuvo la intuición de que el packaging podía ser una herramienta de marketing fundamental en una época donde las galletas se vendían normalmente a granel y al peso.
Louis introdujo envases modernos, destacando las cajas de latón decoradas. Estas cajas no solo protegían el producto, sino que servían para comunicar los premios y el prestigio de la marca.
Además, estas latas eran percibidas como objetos de valor que los clientes coleccionaban y reutilizaban en sus hogares, manteniendo la presencia de la marca en la vida cotidiana de los consumidores mucho después de haber consumido el producto.
El diseño icónico de la galleta Petit-Beurre
En 1886, Louis Lefèvre-Utile diseñó la galleta más famosa de la compañía: la Petit-Beurre. Su diseño no fue casualidad, sino que encerraba una simbología temporal:
- 4 esquinas: Representan las cuatro estaciones del año.
- 52 dientes: Simbolizan las 52 semanas del año.
- 24 agujeros: Hacen referencia a las 24 horas del día.
Esta metáfora visual pretendía transmitir que la Petit-Beurre era una galleta ideal para consumir en cualquier momento y época del año.
El vínculo emocional con la ciudad de Nantes
Louis supo vincular la marca con la identidad de su ciudad. Nantes era un puerto industrial activo, famoso por la calidad de su mantequilla de la zona de Bretaña, ingrediente clave de las galletas LU.
La marca utilizó el packaging para crear un vínculo emocional. En 1895, se lanzó la caja “Vista de Nantes”, diseñada por Alexis de Broca, que mostraba escenas del puerto y barcos.
Comprar galletas LU se convirtió, en esencia, en comprar un pedazo de la identidad de la ciudad, una estrategia que hoy conocemos como place branding.
Innovación constante y legado publicitario
La marca LU siempre estuvo a la vanguardia de la comunicación visual, colaborando con grandes artistas de la época como Alfons Mucha.
El estilo Art Nouveau se plasmó en carteles publicitarios y en el propio packaging, elevando el producto a la categoría de arte. Incluso se encargó la construcción de una torre de 36 metros, conocida como el Faro de LU, que se convirtió en un emblema arquitectónico de la marca y de la ciudad.
A medida que avanzaba el siglo XX, bajo la dirección de las siguientes generaciones como Michel y luego Patrick, la marca continuó innovando. Se introdujeron fotografías en color en los envases y se mejoró la red de distribución mediante el uso de contenedores industriales para la exportación.
En 1957, Raymond Loewy, el diseñador que creó la botella de Coca-Cola, recibió el encargo de rediseñar el logo de LU, creando las famosas letras blancas sobre fondo rojo que identifican a la marca a nivel internacional hasta el día de hoy.
Tras pasar por manos de grupos como Kraft Foods, actualmente LU pertenece al conglomerado Mondelez, consolidada como una de las marcas de galletas más potentes del mundo.


