El futuro del packaging, visto en 1966

Así se veía el futuro del packaging… ¡en 1966!

A menudo leemos artículos y asistimos a charlas donde se pronostica el futuro del sector del packaging. En cambio, no es tan habitual hacer este recorrido a la inversa: echar un vistazo hacia atrás para ver cómo se proyectaba el futuro décadas atrás. ¿Se aguantan los augurios formulados por una o dos generaciones anteriores a la nuestra?

Desde Knauf Industries hemos hecho este ejercicio acudiendo a la hemeroteca para rescatar un artículo de La Vanguardia de 1966. En él se relataba la entrega de los premios Eurostars de embalaje/envase. El titular era de lo más ilustrativo: “Un envase bien diseñado es una cortesía para el consumidor” (demostrando así que la idea de consumo experiencial viene ya de lejos y no es en absoluto una novedad).

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En 1966, ‘La Vanguardia’ ya hablaba del futuro del packaging

“El diseño industrial está adquiriendo un gran auge en España”, contaba el artículo acompañado de una foto en blanco y negro. “Los consumidores muestran predilección por los productos que muestran una agradable y útil presentación” (aquí dos nuevas ideas muy actuales: la estética y el concepto de ‘utilidad’ o multiuso, tan en boga actualmente).

Es interesante ver cómo estos precedentes han acabado cristalizando en la actual oferta de packaging, evolucionando al mismo ritmo que los hábitos de compra y los intereses de los consumidores. Los envases del siglo XXI destacan, muy probablemente, por la personalización de formas y diseños. Cuando decimos packaging personalizado, nos referimos a adaptar los envases según las necesidades de cada empresa, pero también a cada individuo. Para progresar hacia esta realidad, ya trabajamos con realidad aumentada a fin de que cada compañía pueda experimentar y dar con el diseño más eficiente.

Finalmente, La Vanguardia destacaba algunos detalles de los packagings ganadores, como el Agua de Lavanda Puig. La descripción encajaría perfectamente con muchos de los conceptos que manejamos hoy: “Diseño Barcelona. Por su forma decorativa es un preciado objeto para regalo. Está fabricado con cristal ahumado y tapón de madera de encina, precintado con rafia blanca. Conjunto de maderas nobles que dan la sensación de un objeto de artesanía”.

Lo mismo podría decirse del otro producto premiado, una canastilla de puericultura de la que el jurado destacó sus posteriores usos como ‘juguete’ para los pequeños.

Una curiosidad: ambos productos (el agua de Lavanda Puig y la canastilla de De.Ne.Nes) corresponden al mismo diseñador industrial: André Ricard, que dos décadas más tarde sería el autor de la antorcha olímpica de los Juegos Olímpicos de Barcelona.